Ángel Luis Romero es hoy comisario FIBA tras haber sido trabajador de la FEB una vez terminada su carrera como árbitro y fundador de la AMAAB. No le da ningún vértigo echar la vista atrás y contarnos un poco de una trayectoria tan exitosa como dilatada.
¿Es posible resumir una carrera tan larga? Desde luego es cuanto menos difícil. Ángel Luis comenzó siendo árbitro a los 16 años y se retiró sobre los 35 debido a unos problemas de espalda, llegando a arbitrar en Segunda División. También fue oficial de mesa pero durante un tiempo muy breve, pues el comité y la asociación de árbitros le llevaban mucho tiempo. Con 50 años, y siendo trabajador de la FEB, se presentó al clinic de comisarios animado por Ángel Sancha.

Ángel Luis en uno de sus partidos como comisario
¿Qué te llevó a hacerte árbitro?
Pues tres amigos con los que hacía el bachillerato de entonces. Uno de ellos nos lo comentó y nos animamos todos. Habíamos jugado, ya sabes que los árbitros solemos ser jugadores de baloncesto muy malos, pero teníamos conocimiento del deporte.
De mi curso de árbitros salió gente muy importante en el arbitraje, algunos árbitros internacionales y todo, pero no te los voy a mencionar porque seguro que la gente de ahora no los conoce.

Ángel Luis con los árbitros que actuaron en su partido número 300 como comisario, esta temporada.
¿Cómo evolucionaste dentro del arbitraje en activo?
Llegué a hacer partidos en la Segunda División de entonces. Hacer partidos fuera de Madrid entonces era todo un triunfo, ya sabes, lo del arbitraje no local. Era otra época.

¿Qué vino después del arbitraje?
Estuve colaborando en Madrid con Mario Coma y a los dos o tres años, junto con Paco Martínez que llevaba a los oficiales de mesa, se nos ocurrió hacer la Asociación de Baloncesto para defender la figura del árbitro. No era en sí un sindicato, pero se intentaba que los árbitros se sintieran un poco amparados dentro de su colectivo. Escribimos poco a poco los Estatutos, e iniciamos este proyecto en la Cuesta de Santo Domingo, primero en un piso, que poco después tuvimos que ampliar a dos, y unas plantas más arriba estaba la FBM, teniendo de presidente en aquel momento a Ángel Alonso Díaz, con quien teníamos buena sintonía. Después nos trasladamos a la calle Montesa donde alquilamos un piso grande y ya finalmente de ahí nos trasladamos a Paseo del Molino sobre el año 86.
Mi empresa cerró, y Sancha me llamó para trabajar en la FEB. Y ahí me quedé 25 años. Primero en el Comité Nacional de Árbitros, después en el Área Deportiva con Ángel Palmi, luego regresé al Comité Nacional de Árbitros y terminé en la Secretaría General.
Y después, como ya sabes, el clinic de comisarios, que también realicé con Víctor Mas.

En tu opinión, ¿Cómo ha evolucionado el arbitraje en estos años?
En un 500%. Cuando yo empecé no había vídeos, ni gente alrededor… se hacía un clinic de pascuas a ramos en el que había alguna reunión y se comentaban las pautas técnicas a seguir. Precisamente los vídeos, el departamento técnico, el seguimiento personalizado, etc. es lo que ha hecho que el arbitraje haya cambiado totalmente y que el árbitro sea una figura muy preparada. Cuando un árbitro llega a la FEB ya sabe arbitrar y sólo hay que pulirlo un poco. Además en cualquier comité casi todos los partidos son con dos árbitros, y ya no te digo los de tres árbitros. Ahora, con tres árbitros es muy difícil equivocarse. Tienen una preparación idónea, y progresan mucho con tantos medios.

Almudena Alhama y Aurora Monzón con Ángel Luis durante un partido
¿Qué funciones realiza un comisario?
En los partidos FIBA es el representante del Secretario General de la FIBA y se encarga de que todo lo que la FIBA tutela esté en orden y cumpla con la normativa, así como que el partido discurra por los cauces normales: la uniformidad de los jugadores, el entorno, la publicidad el pabellón… como dicen en la FIBA, que todo vaya smoothly. Además se colabora con los árbitros si fuera necesario, aunque cada vez menos porque están muy preparados y pueden resolver cualquier problema solos, y sobre todo con los oficiales de mesa, porque como su trabajo queda escrito, hay que asegurarse de que está perfecto y controlado.

Los fundadores de la AMAAB en la cena de Navidad hace unas semanas
¿Qué te aporta después de tal trayectoria llegar a ser comisario FIBA?
Es muy diferente a ser árbitro. Puedo seguir en el mundo del baloncesto desde otra perspectiva, y seguir consiguiendo retos: desde los 300 partidos internacionales que he alcanzado esta temporada hasta Campeonatos de Europa con partidos importantes. Es otra manera de sentirte realizado, es como el último escalón.

¿Con qué cosas te quedas del arbitraje?
Conocer cantidad de gente, eso siempre se queda. Ahora como comisario gente incluso de otros países. Además del trabajo que he hecho, la amistad con muchas personas es lo mejor con lo que me he quedado.

Ángel Luis con los oficiales de mesa que actuaron en su partido número 300 como comisario, esta temporada.
Imagino que tendrá muchas… pero ¿podrías contarnos alguna anécdota divertida de algún partido?
Jaja, muchas o ninguna… estoy pensando en la que les conté el otro día a los del gabinete de prensa de la española… Sí, era un partido de Euroliga Femenina y aunque siempre hubo comisario no local, al final, por temas de presupuesto se aceptaron comisarios locales, así que me iba a un partido a Valencia con un árbitro francés, que tuvo la ocurrencia de facturar las maletas con la ropa de arbitraje y no le llegaron. Yo conocía al gerente del Dorna, el equipo local, que daba la casualidad de que trabajaba en Madrid pero viajaba siempre con el equipo allí donde jugase. A la vez, me di cuenta de que el árbitro francés era más o menos de la misma complexión física que Juan Luis Redondo, así que le llamé y le pedí que preparara una bolsa con todo lo necesario para arbitrar, desde zapatillas hasta los pantalones y camiseta. Juan Luis trabajaba en un colegio como profesor de Educación Física, así que para el colegio que se fue el gerente del Dorna, recogió la bolsa y nos la trajo a Valencia. Y así pudo este árbitro actuar en el partido sin mayores complicaciones. Luego cenando, aparecieron los de Iberia, creo recordar, para traerle las maletas perdidas. Esto es también parte de las obligaciones de un comisario, hacer todo lo posible porque el partido transcurra con normalidad.
¿Algún partido con el que te quedes especialmente?
La verdad que es difícil quedarme con uno. Los he disfrutado todos mucho, desde el Cadete sub 16 hasta los seniors. Este año por ejemplo disfruté muchísimo con el mundial U-16 que se celebró en Zaragoza. También he tenido suerte y no me ha tocado decidir ningún partido, que para eso están los árbitros, y se vive de otra manera diferente.

