Un año más la copa colegial se convierte en un encuentro sin precedentes dentro del baloncesto escolar.

El pasado 19 de mayo se disputó en el Colegio San Agustín la final masculina de la Copa Colegial 2017. Como no podía ser de otra manera,  fue un rotundo éxito, con unas gradas abarrotadas de aficionados al baloncesto colegial. El marcador se cerró con un 43-61, que no hace justicia a la igualdad que se vivió durante todo el encuentro. Este año sí ha podido ser, y Maristas Chamberí se ha hecho con el merecido trofeo de campeón.

Pero si hay algo que hace diferente a esta competición, independientemente de los resultados, es la ilusión con la que se vive cada encuentro, la implicación de todos los integrantes de la Copa, y la alegría que se genera alrededor de cada uno de los partidos de los patios de colegio. Es por este motivo por el que nos hemos puesto en contacto con María José Ortiz, entrenadora del equipo Maristas Chamberí y vigente campeón; y María Gabrielli CEBRIÁN, uno de los árbitros designados para la final y con más de 10 años de trayectoria en esta competición. Esto es lo que nos han contado de este torneo que según nos aseguran «engancha».

María José Ortiz Blanco

«La Copa Colegial es una competición en la que chicos y chicas en categorías cadete y junior, comparten con sus amigos/as y compañeros/as de clase, algo más que asignaturas y exámenes, algo que para ellos es fundamental en sus vidas y que les ayuda a crecer como personas y como deportistas. Comparten BALONCESTO, y a la vez, todos los valores que conlleva esa palabra: compañerismo, amistad, lucha conjunta por un sueño, respeto, disciplina y ante todo, disfrutar sobre una cancha de un deporte que se te mete en las entrañas.

En mi caso solo puedo decir cosas buenas de esta competición. He disfrutado en cada uno de los partidos, con unos chavales fantásticos que han demostrado una ilusión tremenda, una capacidad de lucha infinita, y unas garras de ‘tigres’ que al final les ha llevado a la ansiada recompensa: el título de Campeones de la Copa 2017. Mi más sincera enhorabuena a todos ellos y toda la suerte del mundo en sus futuras carreras, tanto deportivas como personales y profesionales.

Quiero destacar también a la organización y el arbitraje, que para mí han sido inmejorables. Profesionalidad e implicación son las palabras que mejor definen su actuación en la Copa Colegial.

Y como mención especial, el homenaje que se le rindió en la final al jugador recientemente fallecido, del colegio Recuerdo, a su familia y a su equipo. Todo un ejemplo de solidaridad»

María Gabrielli CEBRIÁN

«Fue la final del décimo aniversario de la Copa Colegial (San Agustín – Maristas Chamberí), y aunque todo apuntaba a que iba ser una gran fiesta, la tarde estuvo teñida por la tristeza. Diez días antes había fallecido un jugador del colegio Recuerdo.  Es por ese motivo por el que antes del partido, en la cancha, se reunieron los equipos finalistas, junto con la plantilla de Recuerdo y los padres y hermano de José. Fueron unos minutos conmovedores, tristes y emotivos. Sin embargo, la madre, sin perder una sonrisa nostálgica y entrañable, dedicó unas palabras de ánimo para todos. Felicitó a los equipos, y con un talante abrumador que silenció a todo el pabellón, dedicó unas palabras de recuerdo a la memoria de su hijo, al mismo tiempo que agradeció a todos los gestos de cariño y de apoyo recibidos. Guardamos un minuto de silencio (de los más tristes que he vivido en una cancha), y resultó duro comenzar una fiesta de esta manera. Aunque si la familia fue la que animó, no podíamos empezar de otra manera.

Por cómo comenzó el calentamiento, ya se intuía que el partido iba a ser limpio. Las gradas, llenas como viene siendo habitual, estaban entregadas a sus equipos, siempre desde el respeto, la deportividad y la educación; filosofía de la Copa.

Dentro de la cancha fue igual. Y eso es lo que me gusta de este torneo. Se genera muy buen ambiente, y además los árbitros y anotadores somos, no solo respetados, sino valorados y apreciados. Nos lo hacen sentir desde el momento en que nos nombran y nos dedican un aplauso. Y eso es digno de mencionar porque en raras excepciones, ocurre. Ese es otro detalle en el que se ven reflejados los valores que a todo deportista le hace ser mejor: educación, respeto y generosidad.

Particularmente, llevo arbitrando este torneo desde hace diez años. He visto nacer la Copa, crecer, y cada vez me engancha más. Me gusta sentir que formo parte de ella.  He arbitrado a jugadores que hoy ya son los entrenadores, y después de tantos años se genera un vínculo especial. Un respeto absoluto y mutuo. Y eso se conforma desde la primera vez que arbitras en la Copa.

Así que haber podido arbitrar otra final más, es de las mejores recompensas de la temporada. Siempre es un premio arbitrar la Copa Colegial y sigo con la misma ilusión que la primera final que arbitré».