A Pablo Noel le conocemos desde hace muchos años. Seguramente es como uno de esos actores míticos que nunca recibieron el Oscar que todo el mundo piensa que debería tener. Hace poco Pablo decidió que se acababa. El pasado 3 de junio, guardó el silbato en la maleta sin hacer mucho ruido 

y dejó de arbitrar para siempre.

 

Jesús – Pablo, como sabes hay mucha gente con poca memoria. Se que va a ser difícil, pero ¿puedes resumir en unas pocas líneas cual ha sido tu trayectoria arbitral?

Pablo – Allá por el año 2000 mi hermano comenzó su andadura en este mundo, para entonces yo contaba con quince años y toda la imprudencia del mundo. Su ejemplo, su experiencia y las ganas de comenzar a ganar dinero me animó a inscribirme en el siguiente curso. Ese mismo año y coincidiendo con el final de temporada debuté en escuela. Un año más tarde ascendí a comité y el siguiente a primera autonómica donde permanecí tres años, ascendiendo a primera nacional con veinte años. Pese a lo prematuro de esos ascensos, me mantuve en esta categoría hasta mi retirada este mismo año. Durante todos estos años he arbitrado numerosas fases finales, he representado al arbitraje madrileño en diferentes sectores y campeonatos de España.

 

 

J – La primera pregunta es obligada. ¿Por qué lo dejas?

 

P – El motivo principal es la familia. Mi hijo va a cumplir dos años y quiero disfrutar de él, además de poder ofrecer a mi mujer un plan los fines de semana sin tener que enviar previamente un correo con diez días de antelación para darme de baja.  Además, era consciente que mi recorrido dentro del arbitraje se había alargado demasiado y aunque nunca dejé de disfrutar, últimamente sentía con más fuerza que se estaba convirtiendo en un mundo más ajeno y lejano de lo que lo fue años atrás. Solo los vínculos personales con algunos compañeros me armaban de suficiente motivación para disfrutar plenamente.

 

J – ¿Qué crees que ha sido lo mejor de todos estos años? ¿Y el peor momento?

 

P – Permíteme que entierre los tópicos y trate de ofrecer una respuesta sincera.

Es innegable, y quién me conozca lo suficiente lo reconocerá, que el arbitraje ha supuesto para mí un punto de inflexión en mi vida. Cómo he comentado antes, comencé en este mundo muy joven. Entonces yo era un joven imprudente, algo soberbio e inmaduro y teniendo en cuenta que cuando comencé no era más que un niñato rodeado de adultos, debí adaptarme y madurar rápido si quería sobrevivir. Si algo le agradezco al arbitraje es esto, la madurez prematura que me otorgó y la capacidad de autocrítica que me ha servido para progresar en otros aspectos de mi vida, tanto a nivel personal como profesional.

Durante todo este recorrido he conocido a gente que ha formando y seguirá formando parte de mi vida, que además inundan de recuerdos maravillosos toda esta etapa.

Es curioso, pero los recuerdos más oscuros que guardo del arbitraje no han sucedido ejerciendo mi labor en la pista, sino fuera de esta. Si tengo que destacar el recuerdo más negativo escogería el siguiente: no recuerdo exactamente el año (hará más de 10), pero era una recta final de temporada en la que estando habilitado por ranking, desde la cúpula de la Federación decidieron sancionarme con no arbitrar la fase final de Primera Nacional por el hecho de haber enviado un mensaje del resultado de un partido de play off unas horas tarde.

En esos años esto no era ni tan siquiera motivo de sanción. No se me comunicó oficialmente sanción alguna, simplemente, y a imagen y semejanza de los peores regímenes totalitarios, se me señaló con el dedo y me dijeron que no iba a arbitrar la fase final. Incluso en un principio la intención era descenderme y no dejarme acudir al campeonato de España para el que había sido convocado por la FEB.  La sensación de impotencia, soledad, desprotección, decepción y rabia se apoderó de mí y me obligó a plantearme mi retirada; sin embargo desistí y pensé, ¡qué demonios!, ¿porque ponérselo tan fácil?

 

J – Considero que eres uno de los árbitros con más talento que he visto en la pista. Pero también de los que tenían más carácter fuera de ella. ¿Crees que decir siempre lo que pensabas te lastró en tu carrera arbitral?

 

P – Nunca dije nada que no reflexionara previamente, que no considerara justo y que no fuera por el bien del colectivo. Nunca insulté ni tuve problemas significativos con ningún compañero. Es posible que el problema no lo tenga yo y sí aquellos que otorgan y en privado despotrican. Estoy convencido de que, si todos lucháramos por conseguir lo que consideramos justo, es probable que actitudes puntuales que pueden ser confundidas como beligerantes como la mía pasaran más desapercibidas y a todos nos iría mejor.

Respondiendo  a tu pregunta, claro que sé que esto ha lastrado mi carrera, existen pruebas evidentes de ello. Sin embargo, me da igual, no quiero mirar atrás con rabia. No me importa y no guardo ningún rencor. Me agrada que pueda mirar atrás y estar orgulloso de mi paso por este mundo, de todo lo que he conseguido siendo yo mismo y no interpretando un papel ni jugando a ser quien no soy; en definitiva, puedo decir claramente que jamás me he engañado a mí mismo.

 

J – Todos te vimos siempre por encima del resto. ¿Alguna vez te imaginaste en ACB? ¿Cómo se puede seguir cuando ves que lo que mereces no llega?

 

P – Nunca me vi en la ACB, lo consideraba una meta muy difícil de lograr. Siempre he intentado ser realista y desde muy pronto aprendí que conseguir metas en el arbitraje no solo dependían de uno mismo, sino que existen imponderables difíciles de comprender y que escapan a cualquier entendimiento racional.

 

Hubo un tiempo en que me frustró no poder seguir alcanzando las metas que creí que merecía pero pronto torné esa desesperación por una visión más pragmática del asunto, así que me conformé y traté de divertirme con lo que hacía. Decidí apartar lo negativo y me centré en lo positivo.

 

Aún así y pese a no alcanzar las metas deseadas siempre disfrute al máximo de los muchos éxitos que conseguí. Me retiré como siempre deseé, disfrutando hasta el último segundo, con un gran compañero y amigo y rodeado de las personas más importantes en mi vida. Además, contar con el reconocimiento de mis compañeros y técnicos es algo de lo que siempre me he sentido orgulloso. ¿Qué más puedo pedir?

 

J – Si volvieras a empezar ¿cambiarías algo?

 

P – De nada sirve pensar en lo que pudo ser y no fue, lo que tuvo que suceder ya ocurrió y el pasado bien pasado está. De él solo puedo extraer las enseñanzas debidas que guardo para mí y que me sirven de experiencia para tratar de mejorar lo mejorable.

 

J – ¿A qué vas a dedicar los fines de semana ahora?

 

P – A mi familia, a mis amigos y a mí. Trataré de recuperar todo este tiempo e intentaré hacer dentro de mis posibilidades lo que me haga feliz. Solo los que nos hemos dedicado a esto somos conscientes del sacrificio que implica. Yo siempre supe que no me iba a eternizar, entre otras razones porque quería disfrutar de los fines de semana más allá del balón naranja y ahora mismo soy feliz porque puedo hacerlo.

 

J – ¿Animarás a tu(s) hijo(s) para que sean árbitros?

 

P – Le relataría mi experiencia, trataría de que tuviera toda la información posible, las cosas buenas y las muchas malas y con toda esa información respetaría la decisión que tomase.

 

J – Aún eres joven, ¿crees que puede haber una segunda venida?

 

P – Como árbitro seguro que no. No me importaría ayudar en la formación de los futuros árbitros, es algo que siempre me ha gustado y que por experiencia y formación profesional creo que ocuparía un lugar donde podría ser útil.

 

J – Antes de contestar a la próxima, recuerda que la nueva camiseta obligatoria se vende cara ¿Qué vas a hacer con todos los silbatos, las camisetas…? ¿Al armario o a la hoguera?

 

P – Supongo que las guardaré de recuerdo.

 

Respecto al tema de las camisetas es algo que nunca he entendido y siempre he criticado pública y abiertamente, quizás una de esas cosas por la que mi actitud es considerada beligerante.

 

En todos estos años de carrera solo me han regalado una camiseta y ha sido esta última, el resto las he tenido que pagar. Este es un claro ejemplo de lo débiles que somos como colectivo. No somos capaces de reclamar que nos proporcionen nuestro uniforme de trabajo y es que no solo lo tenemos que pagar, sino que además lo compramos a precio de camiseta NBA. Lamentable.

 

J – ¿Tienes algún consejo para las generaciones del futuro?

 

P – Les diría que traten de disfrutar sin esperar recompensa alguna, que comprendan que el arbitraje no es una cuestión de 1+1, sino de 2=1. Y es que el arbitraje no es una carrera de velocidad en la que sólo gana uno, sino más bien un deporte de equipo donde ganamos o perdemos todos.

 

Les recomendaría que traten de ser honrados en cualquier circunstancia y que no hay nada más sabio que el tiempo y que por lo tanto aprendan y se fijen en aquellos compañeros que aunque acumulen decenas de años de experiencia siguen con la ilusión intacta:

Qué aprendan del tesón y las ganas de CELAYA, del compañerismo y la calidad humana de Alejandro, de la calidad y la regularidad de Gamo, del sentido de la profesionalidad de Zabal y en definitiva, que aprendan de los muchos y grandes ejemplos que hay y ha habido en el comité.

J – ¿Algo más que quieras compartir con nosotros?

 

P – Os deseo a todos una temporada plagada de éxitos tanto en lo personal como en lo profesional y espero que poco a poco y con la ayuda de los vientos de cambio los designios del mundo del arbitraje abandonen las decisiones arbitrarias para transformarlas en justas y sensatas.

 

J – Muchas gracias Pablo. Por tu tiempo y por todos estos años de baloncesto. Aunque la Academia no te dio tu Oscar siempre tuviste el reconocimiento de tus compañeros de profesión.

¡Mucha suerte en tu nueva vida!