Jesús Martín lleva como árbitro más de 15 años, pero la temporada pasada fue su última en activo y ha decidido retirarse. Cabe destacar además que durante muchos años fue un muy valioso integrante del equipo que formamos en este blog y como ocurrió cuando dejó este proyecto, se irá dejando un hueco muy grande.

 

¿Echamos la vista muy atrás y nos cuentas qué ha pasado a lo largo de estos años?

 

Pues empecé en municipales de Aluche, con un curso del grandísimo Fernando Solano. El primer día, Fernando nos preguntó si nos habíamos apuntado “por lo romántico” mientras con la mano hacía un gesto que dejaba claro que se refería al dinero… y sí, como muchos me apunté por la pasta. En esa época como buen jugador marrullero que era, odiaba a los árbitros y si no hubiera sido por sacar unos duros, no me hubiera metido en la vida en todo esto.

 

Eso fue en 2002, luego los avatares de la vida me llevaron a pasar medio año arbitrando en Londres y al volver me metí en el Comité de Árbitros. Un par de años en Autonómicos, otro en Primera Autonómica y doce en Primera Nacional.

 

En ese tiempo me he pitado todo lo que me tenía que pitar, incluyendo finales de todas las categorías de Madrid, jugadores de la historia de nuestro baloncesto (Juancho, Mirotic, Doncic, los Gasol…) y con compañeros que están, han estado o merecieron estar en ACB o casi. También fui a varios campeonatos de España, pero la relación no cuajó y nunca conseguí dar el salto a la Liga EBA.

 

Jesús en un partido

 

Son muchos años, a lo largo del tiempo todos cambiamos, aunque sea un poco, ¿cómo ha influido el baloncesto en tu desarrollo personal?

 

Ha influido muchísimo.

 

Aunque todos los años me pedían una foto nueva para el carnet, siempre mantuve la de los inicios. El muchacho de la barba y el pelazo decidió renunciar a mucho de lo que era y dedicar un buen puñado de años a ser el mejor árbitro posible y llegar lo más alto posible. Eso implicó cortarse el pelo, salir la mitad del tercio de lo que quería, estar en mejor forma que los jugadores, renunciar a irme de Erasmus por no perder un año arbitrando y llorar muchas noches cada vez que se me cerraba una de las puertas donde había puesto tantas ilusiones.

 

¡Y eso es solo la parte más visible! Luego tengo la cabeza hecha polvo y hay un montón de cosas que salieron de mi vida arbitral y pasaron a formar parte de mi forma de vivir. Pero eso ya requiere un análisis profundo que creo que mejor dejamos fuera…

 

Licencia de Jesús y su foto con pelazo

 

¿Por qué ha llegado ahora el momento de decir adiós?

 

Pues, como siempre, se juntan muchas cosas. Las puramente deportivas son principalmente dos.

 

Por un lado, la falta de objetivos: más allá de querer superar algún record de longevidad, como comentaba antes, ya había pitado todo lo que tenía pitar. Sirva de ejemplo que tuve que renunciar a la última final a la que conseguí llegar (mi novena Final Four de Primera Nacional) y prácticamente ni me afectó. Hace años esperaba con ansia cada ranking de final de temporada para ver si estaba entre los elegidos.

 

El segundo motivo tiene que ver con la quemazón del árbitro de base, que algunos manejan mejor y otros peor. Recorrerme Madrid cada fin de semana para escuchar todo tipo de comentarios, valoraciones o insultos hacia mí o mi trabajo, es algo que nunca llevé muy bien. Es algo que de verdad me ha hecho perder la confianza en muchas cosas. ¿En qué momento hemos dejado que sea normal insultar a otro ser humano por su trabajo? ¿Por qué consentimos que toda una grada grite: “fuera, fuera” a un pobre chaval o chavala solo porque no pitó lo que querían? Solo nos indignamos cuándo hay agresiones físicas, pero ¿qué pasa con las emocionales? ¿Por qué no se sanciona todas estas actitudes que no deberían ser parte del deporte? Creo firmemente que el deporte aporta una gran cantidad de valores positivos, pero también admite una violencia velada que solo nos hace peores seres humanos.

 

Es una espina del arbitraje que siempre voy a tener clavada y algún día me encantaría participar en la lucha contra esa lacra.

 

Jesús en un partido.

 

¿Qué partido recuerdas con especial cariño?

 

Tengo muchos, pero espero no olvidarme nunca de tres. La primera fase final de Nacional que pité con Isa Zabal allá por 2009 en Torrelodones; de uno muy tonto que pité con mi gran amigo Manu Bartolomé en Torrelodones en el que arbitramos con unos silbatos que sonaban terriblemente mal; y de mi partido de despedida con Aranzana, en mi barrio, con un equipo de toda la vida y con un chuletón que nos comimos después para celebrarlo. En los últimos segundos el corazón se me encogió y los ojos se pusieron así como con agua… Tampoco ayudó que el maldito José Valle, que ha formado parte de mis últimos 13 años de vida arbitral, apareciese por sorpresa a darme un abrazo.

 

Jesús con Pau Gasol

 

¿Qué es lo que más destacas que te llevas? 

 

Me siento orgulloso de haber sido árbitro y del trabajo realizado. He dirigido mil batallas y han sido muchas más en las que he contribuido para que todo fuera bien, que las que se torcieron. También me llevo alguna que otra persona (pocas) que seguirán aunque el silbato ya no esté

 

Cuéntanos alguna anécdota divertida que te haya ocurrido en un partido o con compañeros.

 

Me quedo con dos viajes locos que he hecho con mi querido Manu. El primero hasta Cádiz para salir de fiesta, ver la final de mini y volvernos a Madrid en poco más de 40 horas. El segundo para ir a Valladolid, ver al bonito de Aranzana debutar en LEB y vuelta esa misma noche. Tenga usted amigos raros para eso.

 

Jesús con jugadores profesionales

 

¿Qué le dirías a la gente que empieza?

 

Les diría tres cosas:

  1. Que huyan del ruido. Van a estar rodeados de él. Ruido de gente generando expectativas sobre ellos o sobre otros. El ruido nunca funciona a largo plazo.
  2. Que peleen y que lo den todo, porque los que van a medio gas al final se caerán.
  3. Que aunque peleen, triunfar o fracasar no va a depender de ellos, pero al menos nunca podrán reprocharse nada.

 

Sin nada más que contaros y sin nada que reprocharme, os mando un beso y un abrazo fuerte a todos.