Arbitrar en tiempos de pandemia: la experiencia de Carlos Peruga

El mundo ha cambiado. O al menos no se parece tanto a cómo lo recordábamos. Todos los sectores han tenido que adaptarse al contexto, y el mundo del arbitraje no es una excepción. Si bien es cierto que el baloncesto de formación ha sufrido un parón irremediable, el profesional continúa su curso.

En octubre se reanudaron las competiciones oficiales (ACB, Euroliga, Eurocup, Liga Femenina…), todas -a excepción de las ventanas FIBA y la Euroliga femenina- sin formato burbuja. ¿Qué implica eso? Viajar y tratar de hacer una vida normal en un contexto anómalo.

En una entrevista a FullBasket Magazine, Carlos Peruga, árbitro ACB y Euroliga, ha relatado algunas vivencias personales y profesionales en tiempos de pandemia. “A nosotros (los árbitros) también nos afectan los partidos aplazados, no solo a los jugadores y equipos. Tanto para la preparación física como para la planificación de viajes”, explica el aragonés, admitiendo que las restricciones aéreas también son una dificultad añadida. “Los viajes son ahora más largos, pues hay menos vuelos directos desde Madrid a Atenas o Berlín. Pero bueno, al menos podemos seguir trabajando de lo que nos gusta”.

Pese a los estrictos protocolos, la concentración en un partido permanece intacta: “Siempre que estamos reunidos lo hacemos con mascarilla y distancia, pero en un partido no piensas en otra cosa que el juego. Hablamos entre nosotros, con los entrenadores, los jugadores… Una aparente normalidad. Nos hacemos muchas pruebas y siguiendo lo que nos dictan el riesgo se reduce”.

Otro aspecto a tener en cuenta, y que ha cambiado sustancialmente, es la ausencia de público en las gradas. Sin ambiente, sin hostilidad. ¿Se puede llegar a arbitrar diferente? “No arbitramos mejor sin el factor ambiental, pero tampoco peor. No creo que el baloncesto sea un deporte con seguidores de los que nos podamos quejar. La presión nos la ponemos nosotros mismos. Por qué miraba allí, por qué no he ganado esa posición…  esa es la presión que tenemos, no que te abucheen 20.000 personas en el OAKA (Atenas)”, relata Peruga.

Lo que no ha cambiado es la actividad del día a día: “Los árbitros no somos los protagonistas de este deporte,  no vendemos camisetas.  Pero sí somos importantes en el sentido que velamos por el buen desarrollo del juego. Nosotros hacemos scouting antes de cada partido, nos autoevaluamos tras cada encuentro… No pitamos por animadversión. La gente debe saber que el segundo perjudicado tras un error somos nosotros mismos”.

Enseñar y escuchar

Peruga destaca en la entrevista la comunión existente entre el colectivo arbitral. “Es muy importante estar junto a tus compañeros, no solo en tu equipo, sino con los demás. Todos estamos en un mismo barco y el objetivo es que el producto sea atractivo para los espectadores”.

El árbitro confiesa que le gusta formar parte, si el tiempo se lo permite, de todas las sesiones formativas (clínics, charlas…) que se organizan. “Creo que es importante intentar trasladar el conocimiento a los árbitros jóvenes, así como aprender de ellos. No creo que la edad o la categoría en la que arbitra sea un motivo para no escuchar y quizás cambiar tu percepción sobre alguna cosa”.