¿Qué necesita un árbitro desde el punto de vista psicológico?

A principios de año publicamos un artículo con algunos propósitos para el 2021. Entre ellos, ejercitar la mente o analizar partidos. Claro que el mayor deseo no es otro que el de poder competir con regularidad y mantener la actividad que teníamos hace ahora un año (¿que lejos se ve ahora, verdad?).

En este artículo trataremos de exponer qué necesidades debe tener un árbitro desde un punto de vista psicológico como el carácter, el liderazgo en pista o el control de las emociones.

Si nos ceñimos a la definición de la RAE, arbitrar es «actuar o intervenir como árbitro, especialmente en un conflicto entre partes o en una competición deportiva». Sin embargo, la complejidad es infinitamente mayor. Ejercer de árbitro en un partido implica percibir, comprender, analizar, decidir y sancionar. Cinco verbos imprescindibles para que el reglamento se cumpla y el juego no se resienta. Todo ello bajo la presión (no siempre negativa) de hacerlo en cuestión de décimas. Ahí radica parte de nuestro trabajo: la velocidad en la toma de decisiones.

¿Hay alguna clave para ello? Seguramente sea una acumulación de factores. Conocimiento del juego, buena colocación en la pista, agilidad mental y determinación. La presión interna (miedo a equivocarse, recordar la acción anterior…) y externa (grada, entrenadores, jugadores…) no puede influir en las decisiones que tomemos. Fallaremos, claro, como los jugadores con sus tiros o los entrenadores con sus tácticas. Ahí debe aflorar nuestro carácter o personalidad, utilizad el concepto que prefiráis. En la pista somos la autoridad, no enfocada como «los malos», sino como los actores que permiten que el juego siga un patrón y no se convierta en un sainete.

La toma de decisiones también implica saber controlar las emociones. Esto no significa necesariamente sancionar con una técnica los comportamientos inadecuados (a veces se pueden manejar situaciones temperamentales con mano izquierda), sino también saber señalar una falta o una violación de tres segundos en zona cuando el partido esté igualado y quede poco para su conclusión. Manejar el estrés y la resiliencia (capacidad de superar una dificultad) son otros dos factores claves.

La mente influye en los deportistas. Y nosotros también lo somos. Por eso es conveniente mantener el control (propio y ambiental), minimizar la ansiedad (sobre todo si las cosas no están saliendo bien), animarnos en momentos de zozobra (autoconfianza) y jamás perder la concentración. Cada minuto de los 40 cuenta. Cada gesto, cada señalización, cada comunicación con un jugador y/o entrenador. Nuestros actos influirán en el devenir del partido (no en el marcador).

Como en cualquier ámbito de la vida, el arbitraje requiere experiencia e ir quemando etapas. Por eso se va ascendiendo poco a poco de categoría, porque las exigencias (velocidad, ritmo, contactos, protestas, competitividad…) y el conocimiento personal aumentan. Uno/a va fraguando su identidad (carácter, personalidad) a medida que aprende de sus errores, de sus anécdotas, de aquel partido que no supo ver cómo el pívot pisaba línea de fondo, como se habían superado los ocho segundos antes de pasar a campo de ataque, etc.

En este artículo no hemos incluido evidentemente el aspecto físico, pues se sobreentiende que va incluido en el precio 😉

Esperamos que os sirva para encarar vuestros próximos compromisos en la cancha.